La historia de un pececito que no sabía nadar.
Erase que se era, un pececillo en su pecera.
Que no, que paso, que no voy a escribir cuentitos infantiles, y menos sobre peces que no saben nadar.
Lo primero , porque no, porque yo tengo un trato con los peces, ellos no me comen, yo no me los como a ellos. Y además, ¿Qué narices voy a contar de un pez que no sabe nadar? , ¿Qué hago, le pongo manguitos? , ¿en donde , en las aletas? . ¿un flotador? Pues tampoco, porque necesita estar con la cabeza en el agua... vamos, que paso a otro tema y dejamos al pez que se busque la vida.
Un señor, venga, sí, un señor que vivía en una casa. bueno, hasta ahora nada nuevo.
Un señor llamado, Leopoldino , al que la gente llamaba Leo , vivía en medio del campo, en una preciosa casa de color blanco.
La típica casa que se dibuja de niño, con su cerca, chimenea, arbolico , camino, vamos, una casa.
Vivía solo desde que le dejó su mujer, hace ya , muchos muchos años, con la compañía de Tú , un pequeño y feo perro , al que Leo llamó Tú , le decía, Tú, a comer, Tú, siéntate, Tú dame la patita y Tú, obediente él , comía, se sentaba o daba la patita.
Leo llevaba una vida tranquila, ya jubilado, tenía un pequeño huerto, en el que crecían 4 lechugas y unos tomates. La verdad es que apenas le hacía caso, porque nunca le había gustado trabajar en el campo.
Leo fue tornero fresador, una profesión, que la verdad nunca he sabido muy bien en que consiste, pero que tiene un nombre muy bonito, muy rimbombante, "tornero fresador", no digáis que no mola.
Y cuando se jubiló, decidió pasar el resto de su vida en esa casita, que veía día tras día al ir y volver del taller donde trabajaba.
Estaba a medio camino de dos pequeñas ciudades, y a Leo no le gustaba ninguna de las dos.
Ni la que vivía antes, porque le recordaba a su vida anterior, a su mujer, a sus amigos, a su barrio, y era algo con lo que había roto.
Ni la otra, la de su trabajo, una ciudad sombría, donde solo había empresas, talleres, tiendas, polígonos, una ciudad fea, que por la noche y los festivos se quedaba sin vida.
Por eso era feliz en su casa, en Villa Leo que decía él, allí con Tú, su feo pero cariñoso perro, su mecedora, su porche y los pájaros asquerosos que no le dejaban dormir la siesta y se le cagaban por todo y a los que Leo odiaba con todas sus fuerzas.
El blog de Roberto Liztor, un "chafateclas", un "opinador" , que ha creado su propia "Tierra Liztor" imaginaria y que lo único que busca es sacar al exterior lo que se le va pasando por la cabeza.
domingo, 16 de mayo de 2021
La historia de...
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lunes, 10 de mayo de 2021
El reino
De repente, sonó un ruido , como de una puerta al cerrarse, yo , que dormía, desperté.
Abrí los ojos, miré a mi alrededor, y no reconocía donde me encontraba. Era una habitación extraña, con forma circular, sin ventanas, la luz entraba por el techo, que era acristalado.
De nuevo ese ruido, otra puerta, sonó tras la mía.
Me levanté, iba vestido con un pijama totalmente negro, un pijama que no había visto en mi vida.
Salí descalzo, porque no encontraba mis zapatillas, y estaba en un pasillo, un pasillo largo con muchas puertas y un ascensor al fondo.
Parecía un hotel, un hospital, no sé, era algo muy extraño.
Llegába al ascensor, cuando un hombre de más o menos mi edad, salió de otra habitación.
Llegó a mi altura y me saludó muy amable, haciendo una reverencia .
- Hola , buenos días, parece que hoy vamos a tener buen tiempo, su majestad.
Yo asentí con la cabeza, sin saber que decir. ... ¿su majestad? ¿que decía este tipo? , pensé.
Llegó el ascensor, y solo tenía dos botones. subir y bajar.
Bajamos y llegamos a un gran salón.
El hombre salió y haciendo una reverencia , se marchó.
Al momento llegó otro hombre , totalmente vestido de azul.
Tras hacer una reverencia , me pidió que le acompañara.
Empezamos a andar y me fue contando:
- Imagino que su majestad estará extrañado de lo que está pasando.
Usted , majestad, ha venido de otra... llamemosle , dimensión, donde todos los habitantes de nuestro reino "viven" hasta cumplir los 50 años.
Es un mundo ficticio, llamemosle un sueño, en el que todo lo que le sucede es solo para acumular experiencias, conocimientos, sentimientos, con los que formarse y que le servirán para enfrentarse a la vida real, la que hoy comienza para usted.
Aquí no existen sus amigos, su familia, su casa, su ciudad, todo estaba en su mente, usted ha vivido en un estado de semiinconsciencia, en la que su mente era lo único activo, como si durmiera.
Sé que le costará adaptarse , pensar que nada de lo vivido hasta ahora es real, pero es su destino.
Yo le escuchaba hablar, pero no acababa de entender lo que decía, de repente me di cuenta que ya habíamos salido a la calle, más bien al jardín, donde no había nadie, solo nosotros dos.
Me miré y vi que mi ropa era ahora azul, como la de mi acompañante...
No entendía nada,
Le miré y , con miedo, pregunté, deseando no haber oído bien lo que me había dicho:
- Pero, ¿Donde están mis amigos, mi familia, mis vecinos?
El hombre, me miró, levantó su mano y con el índice tocó mi frente, diciendo:
- En su imaginación.
El hombre, del que no sabía ni su nombre, me empezó a contar , mientras caminábamos, que yo era el rey de un país, Liztorland , un país pequeño, pero en el que todo se hacía según mis leyes.
Pero yo no quería mis leyes, no quería oro, no quería mi reino, yo quería mi vida, mi familia, mis amigos, mis compañeros, quería volver a ser yo.
De repente eché a correr, tratando de escapar del hombre, que seguía contándome cosas de Liztorland yo corría, y el me perseguía sin callar ni un instante, yo corría, corría, huyendo , no sabía a donde, sin dejar de escuchar la voz machacona del hombre, hasta que tropecé, caí al suelo y empecé a rodar por una cuesta.
Rodé, rodé, hasta que mi cabeza golpeó con una piedra, haciéndome perder el conocimiento.
Desperté y miré a mi alrededor, una sonrisa de alivio se dibujó en mi cara.
Estaba en mi habitación, en la de verdad, con las fotos de mi familia, mi cama , mi mesilla... de repente un pitido metálico sonó en la mesilla. Miré y era mi móvil.
Lo cogí , abrí el mensaje y leí :
- Publi : ¡ Postres el Reino siempre contigo , tocandote las narices , hasta en tus pesadillas!
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viernes, 22 de mayo de 2020
Adios tío Roberto
Adiós tío, hasta siempre .
Te has ido sin poderte decir adiós , sin poder ni darte un beso , ni un abrazo, ni un te quiero,
Perece que era ayer cuando estábamos cogiendo castañas en la Ulzama con mi padre .
Cuando los dos por la carretera , buscabamos a "Bene" , que se nos había "perdido" por el monte, para que bajara a comerse el almuerzo con nosotros.
Parece que era ayer , cuando venias a la grada de Lagunak , a ver a tu sobrina Myriam , jugando a fútbol.
Y parece que era ayer , cuando muchos días os juntabais los tres hermanos, en casa de mis padres , a estar juntos , a arreglar el mundo , con vuestras discusiones acaloradas sobre temas intrascendentes , vuestras voces potentes , acrecentadas por vuestras sorderas.
Se os oía desde la puerta de fuera , antes de entrar , ya sabía que estabais en vuestra tertulia, que la mayoría de las veces la zanjaba yo, "mirando el cacharro ese" , preguntando a Google , otras ni eso valía , porque " ese no tiene ni idea, tiene que estar mal" .
Pero así pasaban las mañanas , entre discusión y discusión demostrabais el amor que os teníais.
Ahora estaréis los dos juntos, ahí arriba, y cuando haya tormentas , y escuche los truenos , quiero pensar que sois vosotros, Roberto y Bene que de nuevo estáis unidos, de nuevo "de tertulia" , haciéndoos oír.
Y como la propia tormenta, cuando esta acaba ,todo vuelve a quedarse tranquilo, hasta la siguiente vez, que volverá a tronar , para recordarnos que dos de los hermanos estáis de nuevo de tertulia, o cogiendo castañas, caracoles, lo que sea, pero juntos.
Adiós tío , sabes que nunca podré olvidarte, no en vano llevo tu nombre .
Adiós tío, te quiero.
Te has ido sin poderte decir adiós , sin poder ni darte un beso , ni un abrazo, ni un te quiero,
Perece que era ayer cuando estábamos cogiendo castañas en la Ulzama con mi padre .
Cuando los dos por la carretera , buscabamos a "Bene" , que se nos había "perdido" por el monte, para que bajara a comerse el almuerzo con nosotros.
Parece que era ayer , cuando venias a la grada de Lagunak , a ver a tu sobrina Myriam , jugando a fútbol.
Y parece que era ayer , cuando muchos días os juntabais los tres hermanos, en casa de mis padres , a estar juntos , a arreglar el mundo , con vuestras discusiones acaloradas sobre temas intrascendentes , vuestras voces potentes , acrecentadas por vuestras sorderas.
Se os oía desde la puerta de fuera , antes de entrar , ya sabía que estabais en vuestra tertulia, que la mayoría de las veces la zanjaba yo, "mirando el cacharro ese" , preguntando a Google , otras ni eso valía , porque " ese no tiene ni idea, tiene que estar mal" .
Pero así pasaban las mañanas , entre discusión y discusión demostrabais el amor que os teníais.
Ahora estaréis los dos juntos, ahí arriba, y cuando haya tormentas , y escuche los truenos , quiero pensar que sois vosotros, Roberto y Bene que de nuevo estáis unidos, de nuevo "de tertulia" , haciéndoos oír.
Y como la propia tormenta, cuando esta acaba ,todo vuelve a quedarse tranquilo, hasta la siguiente vez, que volverá a tronar , para recordarnos que dos de los hermanos estáis de nuevo de tertulia, o cogiendo castañas, caracoles, lo que sea, pero juntos.
Adiós tío , sabes que nunca podré olvidarte, no en vano llevo tu nombre .
Adiós tío, te quiero.
miércoles, 20 de mayo de 2020
Microrelatos, Real Zaragoza
El último partido
Nadie sabía que este era el último partido en la Romareda, que esta victoria era la última en mucho tiempo en el templo.
La afición, el equipo, los resultados, hasta el sol, todo sonreía.
Salíamos felices, pensando en volver pronto a llenar sus gradas, a celebrar los goles, a cantar el himno.
Todo era un como un sueño.
Hasta que dos partidos más tarde, ambos fuera de casa, y un maldito virus, nos despertó de golpe y puso “en pausa” toda nuestra vida, tal vez ese fue, el último partido en casa en mucho tiempo.
A 8000 kilómetros
Estoy 8000 kilómetros de ti, 8000 kilómetros recorridos.
De Pamplona a la Romareda, a Soria, a Miranda, a Santander.
8000 kilómetros de risas, de cantos, 8000 kilómetros de enfados y de llantos, 8000 kilómetros de confesiones, cuentas y silencios.
8000 kilómetros de amor zaragocista 8000 kilómetros de esperanza, 8000 kilómetros de ilusiones y de ascenso.
Estoy a 8000 kilómetros y sin embargo, te llevo dentro.
Azul y blanco
Azul y blanco no son solo colores, son sentimiento zaragocista, son alegría con las victorias, son tristeza con las derrotas, son éxtasis cuando se marca un gol, son desesperación cuando se encaja en contra, azul y blanco son compañerismo, son unión, son equipo, son pancartas, azul y blanco son palmadas, son gritos, son cánticos.
Azul y blanco es Romareda, son desplazamientos, azul y blanco son bufandeos, son el himno, son protestas por un mal arbitraje, azul y blanco son amor, son amistad, son todo.
Azul y blanco es el color del campeón.
Nadie sabía que este era el último partido en la Romareda, que esta victoria era la última en mucho tiempo en el templo.
La afición, el equipo, los resultados, hasta el sol, todo sonreía.
Salíamos felices, pensando en volver pronto a llenar sus gradas, a celebrar los goles, a cantar el himno.
Todo era un como un sueño.
Hasta que dos partidos más tarde, ambos fuera de casa, y un maldito virus, nos despertó de golpe y puso “en pausa” toda nuestra vida, tal vez ese fue, el último partido en casa en mucho tiempo.
A 8000 kilómetros
Estoy 8000 kilómetros de ti, 8000 kilómetros recorridos.
De Pamplona a la Romareda, a Soria, a Miranda, a Santander.
8000 kilómetros de risas, de cantos, 8000 kilómetros de enfados y de llantos, 8000 kilómetros de confesiones, cuentas y silencios.
8000 kilómetros de amor zaragocista 8000 kilómetros de esperanza, 8000 kilómetros de ilusiones y de ascenso.
Estoy a 8000 kilómetros y sin embargo, te llevo dentro.
Azul y blanco
Azul y blanco no son solo colores, son sentimiento zaragocista, son alegría con las victorias, son tristeza con las derrotas, son éxtasis cuando se marca un gol, son desesperación cuando se encaja en contra, azul y blanco son compañerismo, son unión, son equipo, son pancartas, azul y blanco son palmadas, son gritos, son cánticos.
Azul y blanco es Romareda, son desplazamientos, azul y blanco son bufandeos, son el himno, son protestas por un mal arbitraje, azul y blanco son amor, son amistad, son todo.
Azul y blanco es el color del campeón.
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domingo, 26 de abril de 2020
COSAS QUE CONOCEMOS, PALABRAS QUE NO SABEMOS
Hay veces que las palabras quedan en desuso, aunque todos
conocemos que es a lo que se refieren con ellas, no sabemos
relacionarlas.
Si nos dicen que mi padre cuando toma una cerveza y le gusta
con mucha giste, nada nos viene a la cabeza, y la hemos visto
tantas veces que podríamos nombrarla con un lemniscata.
En las casas, es raro que no se hayan perdido más de un
plastinudo, aunque no sepamos lo que es.
Y de pequeños aprendimos a meter el herrete por el agujero, para
no tropezar.
En cientos de películas, hemos visto pasar los estepicursores
mientras el malo se escondía tras la piedra.
Y nos quedan tres palabras de cosas que tenemos todos.
Justo, entre una sonrisa y un llanto, y sin ser la nariz, todos
tenemos el filtrum, no hace falta frotarse los ojos, y que veamos
los fosfenos.
Y aunque no nos guste, a veces hay que ir al médico, aguantar la respiración y sentir ese pinchazo en la sangradura.
-----
Aquí están los significados de las palabras subrayadas
Giste :
A todos nos gusta tomarnos una caña con el giste en su medida exacta. Esta palabra se refiere a la espuma que queda cuando servimos una cerveza.
Lemniscata :
Por muchos conocida como “ el ocho tumbado ”. Se refiere al símbolo que
representa algo infinito, un camino sin fin que tanto usamos en las matemáticas.
Plastinudos :
No son los nuevos superhéroes de Marvel, ni un grupo indie. Seguro que en
algún cajón de tu cocina tienes más de un plastinudo, ese alambre cubierto
de plástico que sirvió para atar la bolsa del pan de molde y que ahora
descansa esperando otro uso.
Herrete :
¡Qué injusta es la vida! Uno de los mejores inventos de la historia tiene un
nombre olvidado. ¿Qué sería de los cordones de nuestros zapatos si en sus
extremos no llevaran herretes de aluminio o de plástico?
Fosfenos :
Cuando te frotas los ojos después de una larga jornada delante del ordenador y
los vuelves a abrir, pequeños destellos aparecen durante un breve instante,
desapareciendo en pocos segundos. Fosfeno no es ningún elemento químico,
es el nombre de cada una de esas estrellas fugaces.
Estepicursor :
En todas las películas del oeste en algún momento aparece una pequeña bola
de heno que, como por arte de magia, se desplaza a pequeños saltos. Como
toda esa frase era demasiado larga, se le puso el nombre de estepicursor. La
próxima vez que veas a John Wayne o Clint Eastwood, sabrás el nombre del
actor secundario más famoso del Espagueti Western.
Filtrum :
Menospreciado durante años, es uno de los grandes desconocidos de
nuestra cara. El filtrum es el pequeño surco que tenemos entre la nariz y el
labio superior . Siempre en un segundo plano durante los 70, pues estaba
siempre oculto entre los bigotes tan de moda en aquel entonces
Sangradura :
Muchos tenemos miedo a las agujas, y cuando nos toca hacernos un análisis y
extendemos el brazo, el tacto del algodón con alcohol sobre esa zona donde
nos pinchan opuesta al codo hace que temblemos de pánico. ¡Exacto! La
zona destinada a extracciones de sangre es la sangradura.
conocemos que es a lo que se refieren con ellas, no sabemos
relacionarlas.
Si nos dicen que mi padre cuando toma una cerveza y le gusta
con mucha giste, nada nos viene a la cabeza, y la hemos visto
tantas veces que podríamos nombrarla con un lemniscata.
En las casas, es raro que no se hayan perdido más de un
plastinudo, aunque no sepamos lo que es.
Y de pequeños aprendimos a meter el herrete por el agujero, para
no tropezar.
En cientos de películas, hemos visto pasar los estepicursores
mientras el malo se escondía tras la piedra.
Y nos quedan tres palabras de cosas que tenemos todos.
Justo, entre una sonrisa y un llanto, y sin ser la nariz, todos
tenemos el filtrum, no hace falta frotarse los ojos, y que veamos
los fosfenos.
Y aunque no nos guste, a veces hay que ir al médico, aguantar la respiración y sentir ese pinchazo en la sangradura.
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Aquí están los significados de las palabras subrayadas
Giste :
A todos nos gusta tomarnos una caña con el giste en su medida exacta. Esta palabra se refiere a la espuma que queda cuando servimos una cerveza.
Lemniscata :
Por muchos conocida como “ el ocho tumbado ”. Se refiere al símbolo que
representa algo infinito, un camino sin fin que tanto usamos en las matemáticas.
Plastinudos :
No son los nuevos superhéroes de Marvel, ni un grupo indie. Seguro que en
algún cajón de tu cocina tienes más de un plastinudo, ese alambre cubierto
de plástico que sirvió para atar la bolsa del pan de molde y que ahora
descansa esperando otro uso.
Herrete :
¡Qué injusta es la vida! Uno de los mejores inventos de la historia tiene un
nombre olvidado. ¿Qué sería de los cordones de nuestros zapatos si en sus
extremos no llevaran herretes de aluminio o de plástico?
Fosfenos :
Cuando te frotas los ojos después de una larga jornada delante del ordenador y
los vuelves a abrir, pequeños destellos aparecen durante un breve instante,
desapareciendo en pocos segundos. Fosfeno no es ningún elemento químico,
es el nombre de cada una de esas estrellas fugaces.
Estepicursor :
En todas las películas del oeste en algún momento aparece una pequeña bola
de heno que, como por arte de magia, se desplaza a pequeños saltos. Como
toda esa frase era demasiado larga, se le puso el nombre de estepicursor. La
próxima vez que veas a John Wayne o Clint Eastwood, sabrás el nombre del
actor secundario más famoso del Espagueti Western.
Filtrum :
Menospreciado durante años, es uno de los grandes desconocidos de
nuestra cara. El filtrum es el pequeño surco que tenemos entre la nariz y el
labio superior . Siempre en un segundo plano durante los 70, pues estaba
siempre oculto entre los bigotes tan de moda en aquel entonces
Sangradura :
Muchos tenemos miedo a las agujas, y cuando nos toca hacernos un análisis y
extendemos el brazo, el tacto del algodón con alcohol sobre esa zona donde
nos pinchan opuesta al codo hace que temblemos de pánico. ¡Exacto! La
zona destinada a extracciones de sangre es la sangradura.
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lunes, 13 de abril de 2020
Cuento infantil. La historía de Ávalon.
Esta es la historia de un dragón llamado Ávalon, sí un
dragón, de esos que tiran fuego por la boca, grandes verdes…. Lo que pasa que
este dragón, ni tiraba fuego, ni era grande, ni siquiera era verde.
El dragón se llamaba Ávalon, así le pusieron sus padres de
pequeño, no sabe el motivo, pero le gusta.
Ávalon era un pequeño dragón, pequeño en el mundo de los
dragones, de un metro y medio de altura aproximadamente. Era de un precioso
azul turquesa, con lunares rosas. Ávalon estaba muy orgulloso de sus lunares.
Los contaba cada día, por si se le había perdido alguno.
Y, al contrario de los dragones de los cuentos, lo que salía
por su boca no era fuego, eran pompas, sí, pompas de jabón de todos los
tamaños.
Ávalon vivía en un bosque, le encantaba perseguir a las mariposas, corretear, hacer pompas…
Un día, vio una preciosa mariposa multicolor, empezó a perseguirla, ella volaba y se paraba, cuando Ávalon la alcanzaba, vuelta a volar y así, sin darse cuenta salió del bosque y llegó a un camino.
De repente Ávalon se encontraba, solo, en medio de la nada, miró al camino, y vio como dos pequeños bultos corrían hacia él.
Ávalon no sabía que era una persona, jamás había visto una, y se asustó.
Eran Juan y Ana, que venían del colegio.
Como eran de un pueblo pequeño, donde ellos eran los únicos niños, tenían que ir al de al lado, y para eso iban por un camino, día tras día. Pero jamás habían visto algo tan extraño y a la vez tan bonito como Ávalon.
Juan y Ana, llegaron a donde estaba Ávalon… se le quedaron mirando a un paso de él…
Ávalon se tapaba la cara, temblaba asustado.
Juan dijo:
- Hola, ¿Quién eres?
Ávalon levantó despacio la cabeza, le miró fijamente y al abrir la boca, cientos de pompas salieron de ella.
Ana empezó a reír, lo que hizo que Ávalon se asustase, y volviera a sacar cientos de pompas, ahora también por la nariz.
Juan y Ana reían sin parar, explotando pompas, y Ávalon seguía abriendo la boca y sacando pompas y pompas.
De repente, Ávalon se encontraba bien con los niños, se dio cuenta que había encontrado a dos amigos.
Perseguir mariposas era divertido, pero ver a Ana y a Juan reír persiguiendo y explotando pompas, era mucho mejor.
Todos los días Ávalon salía al camino a esperar a los niños, a la salida del colegio y jugaba con ellos. Ávalon sacaba pompas y ellos las explotaban.
Jugaban a pillar, al escondite, le contaban que habían aprendido en el cole, y Ávalon les miraba con los ojos muy abiertos sin enterarse mucho de lo que le estaban contando, pero feliz de verlos sonreír.
Casi sin darse cuenta, fueron pasando los años, todos se iban haciendo más y más grandes.
Ana y Juan dejaron de ir al cole, pero todas las tardes iban al camino a ver al dragón. Era su secreto.
Pero un día el pastor del pueblo los vio. Nunca había visto un dragón y pensó que los niños, ya mayores, corrían peligro.
Empezó a perseguirlo, amenazándole con su bastón, a la vez que soltaba gritos y alaridos.
Ávalon corría, volaba, pero sin querer alejarse de Juan y Ana.
Ellos gritaban y gritaban, intentando explicarle a Ataúlfo, que así se llamaba el pastor, que Ávalon era amigo suyo…
De repente, Ávalon se paró, abrió su gran boca y soltó cientos de pompas multicolores.
Ataúlfo se detuvo y mirando a los dos amigos comenzó a reír a carcajadas.
Ana y Juan también rieron, hasta Ávalon, que no entendía que estaba pasando, también reía.
Después de aquella tarde, los habitantes del pueblo iban todas las tardes a jugar con Ávalon, el dragón de las pompas.
Él era feliz, rodeado de todos, le traían comida, pasteles enormes, fruta fresca y todos los días merendaban juntos.
Ávalon fue uno más para siempre, a pesar de ser totalmente diferente de ellos, a pesar de ser pequeño, azul turquesa y con unos preciosos lunares rosas.
A pesar de soltar pompas por la boca y no saber hablar su idioma.
Todos lo querían, por ser como es, aunque no se pareciese en nada a ellos.
Ávalon vivía en un bosque, le encantaba perseguir a las mariposas, corretear, hacer pompas…
Un día, vio una preciosa mariposa multicolor, empezó a perseguirla, ella volaba y se paraba, cuando Ávalon la alcanzaba, vuelta a volar y así, sin darse cuenta salió del bosque y llegó a un camino.
De repente Ávalon se encontraba, solo, en medio de la nada, miró al camino, y vio como dos pequeños bultos corrían hacia él.
Ávalon no sabía que era una persona, jamás había visto una, y se asustó.
Eran Juan y Ana, que venían del colegio.
Como eran de un pueblo pequeño, donde ellos eran los únicos niños, tenían que ir al de al lado, y para eso iban por un camino, día tras día. Pero jamás habían visto algo tan extraño y a la vez tan bonito como Ávalon.
Juan y Ana, llegaron a donde estaba Ávalon… se le quedaron mirando a un paso de él…
Ávalon se tapaba la cara, temblaba asustado.
Juan dijo:
- Hola, ¿Quién eres?
Ávalon levantó despacio la cabeza, le miró fijamente y al abrir la boca, cientos de pompas salieron de ella.
Ana empezó a reír, lo que hizo que Ávalon se asustase, y volviera a sacar cientos de pompas, ahora también por la nariz.
Juan y Ana reían sin parar, explotando pompas, y Ávalon seguía abriendo la boca y sacando pompas y pompas.
De repente, Ávalon se encontraba bien con los niños, se dio cuenta que había encontrado a dos amigos.
Perseguir mariposas era divertido, pero ver a Ana y a Juan reír persiguiendo y explotando pompas, era mucho mejor.
Todos los días Ávalon salía al camino a esperar a los niños, a la salida del colegio y jugaba con ellos. Ávalon sacaba pompas y ellos las explotaban.
Jugaban a pillar, al escondite, le contaban que habían aprendido en el cole, y Ávalon les miraba con los ojos muy abiertos sin enterarse mucho de lo que le estaban contando, pero feliz de verlos sonreír.
Casi sin darse cuenta, fueron pasando los años, todos se iban haciendo más y más grandes.
Ana y Juan dejaron de ir al cole, pero todas las tardes iban al camino a ver al dragón. Era su secreto.
Pero un día el pastor del pueblo los vio. Nunca había visto un dragón y pensó que los niños, ya mayores, corrían peligro.
Empezó a perseguirlo, amenazándole con su bastón, a la vez que soltaba gritos y alaridos.
Ávalon corría, volaba, pero sin querer alejarse de Juan y Ana.
Ellos gritaban y gritaban, intentando explicarle a Ataúlfo, que así se llamaba el pastor, que Ávalon era amigo suyo…
De repente, Ávalon se paró, abrió su gran boca y soltó cientos de pompas multicolores.
Ataúlfo se detuvo y mirando a los dos amigos comenzó a reír a carcajadas.
Ana y Juan también rieron, hasta Ávalon, que no entendía que estaba pasando, también reía.
Después de aquella tarde, los habitantes del pueblo iban todas las tardes a jugar con Ávalon, el dragón de las pompas.
Él era feliz, rodeado de todos, le traían comida, pasteles enormes, fruta fresca y todos los días merendaban juntos.
Ávalon fue uno más para siempre, a pesar de ser totalmente diferente de ellos, a pesar de ser pequeño, azul turquesa y con unos preciosos lunares rosas.
A pesar de soltar pompas por la boca y no saber hablar su idioma.
Todos lo querían, por ser como es, aunque no se pareciese en nada a ellos.
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Cuento infantil . Potocó y Patoribio.
Habíase que se era, un pequeño potrillo llamado Potocó.
El motivo de ese sonoro nombre es el ruido que hacía con sus pequeños cascos cuando andaba por la cuadra, potocó, potocó, potocó.
Potocó vivía en una pequeña granja de patos, rodeada de monte.
Todos los patos iban a su aire y apenas le hacían caso a nuestro protagonista, que había llegado hacía unos días a la granja, cuando su dueño lo había comprado en la feria del pueblo.
Solo un pato, llamado Patoribio se acercaba a saludarle todas las mañanas.
Poco a poco, Potocó empezó a hablar con Patoribio, le preguntaba cosas de la granja y el pato, que le encantaba contar historias, la mayoría inventadas, le alegraba las mañanas , mientras Potocó comía hierba bajo un árbol.
Patoribio , además de contar historias le gustaba escaparse del corral, dando un salto pasaba por encima de la valla y su diversión favorita era ir a la ventana a escuchar la radio , una radio que estaba todo el día encendida, porque el granjero, que vivía solo le gustaba escuchar voces al llegar a casa.
Un día empezaron a hablar de una carrera que se celebraba en el pueblo, una auténtica carrera de caballos, iban a ir los mejores caballos de la comarca.
Un día empezaron a hablar de una carrera que se celebraba en el pueblo, una auténtica carrera de caballos, iban a ir los mejores caballos de la comarca, enseguida se lo fue a contar a Potocó.
Potocó esa noche no pudo dormir, él quería ir a esa carrera, quería ver a más caballos.
Por la mañana empezó a entrenar, era muy curioso ver a Potocó y a Patoribio montado sobre su lomo, como el mejor jinete, dándole ánimos a Potocó:
Corre, potocó, corre , le gritaba.
El caballito ponía todas sus ganas, corría y corría dando vueltas por el cercado, con su amigo Patoribio sobre su lomo.
El granjero los miraba entre extrañado y divertido.
Los días pasaban y Potocó cada vez lo hacía mejor y más deprisa.
Sabían que el granjero iría a la carrera, porque se lo había comentado a su vecino, y Patoribio, que además de hablar mucho le gustaba escuchar todo lo que pasaba en la granja, se lo había escuchado .
El resto de los patos no entendían la amistad del caballo y de Patoribio, porque Potocó no era un pato, pero a los dos amigos no les importaba que les mirasen raro , ellos eran felices con sus carreras, Potocó se lo tomaba muy en serio los entrenamientos y cada día lo hacía mejor.
El granjero cada vez estaba más impresionado , cada vez que los miraba, Potocó y Patoribio corrían con más ganas.
Llegó el día de la carrera, y Potocó estaba muy nervioso.
Se levantó temprano y salió al cercado corriendo, cuando de repente vió alejarse a la furgoneta del granjero.
Empezó a relinchar con fuerza y a golpear con los cascos el suelo, potocó, potocó, potocó, intentando llamar la atención del granjero.
Pero solo consiguió que salieran todos los patos, con Patoribio delante de todos , que no entendían el por qué de tanto ruido.
Potocó comenzó a llorar desconsolado, el granjero no le había llevado a la carrera...
Pero Patoribio no era un pato que se rindiese fácilmente, de un salto se subió al lomo del caballito y empezó a gritar:
Arre, arre Potocó, vamos a correr la carrera.
Potocó dejó de llorar y sin pensárselo corrió alejándose de la valla, , una vez se había alejado lo suficiente, empezó a correr hacia la valla, corriendo , corriendo, corriendo, y de un impresionante salto, pasó por encima de la valla.
Todos los patos quedaron "picoabiertos" , menos Patoribio que reía a carcajadas encima de Potocó.
Potocó y Patoribio llegaron al pueblo cuando la carrera estaba a punto de empezar.
Disimuladamente se colaron entre medio del resto de caballos, que los miraban con extrañeza.
Poco a poco fueron llegando los jinetes , cada uno se llevaba a su caballo para ponerles la silla.
Los jinetes no hacían caso al pequeño Potocó, que estaba en un rincón, medio escondido , con su amigo Patoribio.
El establo se quedó abierto y los dos amigos salieron , vieron que el resto de caballos correteaban por un pequeño prado, calentando los músculos para la carrera, sin mirarse unos a otros.
De repente sonó una sirena y todos los caballos fueron hacia la salida.
Potocó y Patoribio les siguieron hasta la salida, mezclados entre todos.
Un cohete marcaba la salida, todos los caballos salieron al galope y pronto Potocó quedó atrás.
El corría con todas sus fuerzas, Patoribio le animaba , pero veían como los caballos, enormes caballos de carreras, se alejaban de ellos.
Pero a pesar de todo, Potocó no se rendía, corría, corría, corría...
Los caballos empezaron a cansarse y Potocó empezó a alcanzar a algunos, poco a poco se puso en el grupo de cabeza.
El granjero se dió cuenta que eran sus animales y no podía creérselo.
Potocó ya solo tenía a 4 caballos por delante.
De repente , una bandada de patos apareció volando por encima de los caballos , y dando fuertes aletazos y con sus graznidos asustaron a los caballos, que se quedaron frenados en seco.
Potocó y Patoribo siguieron adelante, y sus amigos los patos se fueron apartando para dejarles paso.
Potocó se puso primero y apretó los dientes , siguió corriendo hasta llegar a la meta.
Era el ganador.
El granjero corrió a la meta y se abrazó al caballo, no sabía como había pasado todo, pero estaba muy contento, Potocó era feliz y también lo era Patoribio.
En el pueblo la gente no entendía como un pequeño caballo, montado por un pato había logrado ganar la carrera a esos fuertes caballos de carreras, pero como era el único caballo del pueblo , lo celebraban como si fueran el propio granjero.
A partir de ese día Potocó y su amigo Patoribio eran famosos en el pueblo y todos al verlos pasar por los caminos les aplaudían y jaleaban sonrientes.
Ellos eran los protagonistas, pero ellos sabían que sin la ayuda del resto de patos , jamás la hubiesen ganado.
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martes, 18 de febrero de 2020
Nada en concreto
Hace ya casi dos años que dejé parado este blog.
Hoy he decidido retomarlo, y la verdad es que tampoco sé porqué.
Tampoco esperes una historia espectacular, de hecho, llevo 3 líneas y aún no he dicho nada.
Hoy he decidido retomarlo, y la verdad es que tampoco sé porqué.
Tampoco esperes una historia espectacular, de hecho, llevo 3 líneas y aún no he dicho nada.
Esta es la historia de un señor, así , en general, un señor de un sitio, que vivía en una casa, de una ciudad cualquiera.
Todas las mañana, a veces sí y otras tampoco, se levantaba , se duchaba, casi siempre, y salía a la calle, cuando quería.
Como trabajaba desde casa , salir era tener fiesta y quedarse en casa era todo lo contrario.
Cuando salía, le gustaba, aunque tampoco en demasía, ir a pasear al parque.
El parque era el típico parque, con sus árboles, sus caminitos, su césped, sus bancos y sus niños gritando y corriendo como posesos.
Pero los laborables , tenía lo mismo, a excepción de los niños y eso hacía que el parque fuese más bonito, sobre todo mucho más silencioso.
No es que a nuestro protagonista , al que aún no le hemos puesto nombre... llamémosle Remigio , no le gustaran los niños, de hecho, hace ya muchos años, hasta fue uno de ellos, pero una vez cambió de bando y pasó al de los adultos, casi prefería tenerlos lejos.
Estaba Remigio en un banco, a solas con sus pensamientos, cuando de repente, uno de esos niños vociferantes llegó junto a él. Se sentó en el banco y con una pelota cogida con sus pequeñas manos , le miró fijamente.
Remigio seguía a lo suyo, con los ojos cerrados, pensando y pensando, en nosequé y en nosecuantos, y notó los dos ojitos clavados en su cara, como dos pequeñas agujas.
Cuando abrió los ojos vio al niño, mirándole sonriente.
Remigio miró a su alrededor, buscando un adulto, pero no había nadie.
El niño no hablaba, no se movía, solo miraba y sonreía.
Volvió a cerrar los ojos, con la esperanza de que el niño se aburriera y se marchase... pasaron los minutos y seguía notando al niño a su lado.
Volvió a abrirlos y ahí seguía , mirando y sonriendo.
Remigio le dijo :
Niño, ¿que haces aquí solo? ,¿ no deberías estar en el colegio?
El niño , miraba y sonreía, solo eso, miraba y sonreía... bueno, y sujetaba la pelota con sus pequeños bracitos.
Remigio insistió:
¿Que quieres niño?
Pero el niño , ahí a lo suyo, sin parar de mirar, sin parar de sonreír.
Se levantó rápidamente y emprendió camino a su casa, el niño le siguió, mirando y sonriendo.
Aceleró el paso, el niño hizo lo mismo.
Pronto el paso era tan rápido, que el niño, con sus piernitas no podía seguirlo y se fue quedando atrás.
Llegó al portal, sacó las llaves, se dio la vuelta, y ahí estaba de nuevo el niño, mirando y sonriendo.
De repente, se oyó una voz de un señor muy muy mayor, diciendo:
Remigio, Remigio, ven aquí.
Y el niño , dio la vuelta y corrió hacia su abuelo.
Remigio no podía creerse que ese niño en realidad era él, y ese señor mayor era su abuelo.
Cerró los ojos, se los frotó con fuerza , el típico gesto de incredulidad , y cuando los volvió a abrir, estaba solo, en su sofá, se acababa de despertar de una bien ganada siesta.
Se levantó, se puso de nuevo sus gafas de ver de cerca y volvió a su ordenador, a hacer lo de siempre, nada en concreto.

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