sɐsoɔ әnb әs әɯ uɐʌ opuәᴉɹɹnɔo , lɐʇ zәʌ ou uɐƃuәʇ ᴉu sәᴉd ᴉu ɐzәqɐɔ , oɹәd ᴉsɐ ʎos oʎ , ɐ sәɔәʌ oɔol , ɐ sәɔәʌ un oɔod ···

miércoles, 16 de octubre de 2013

Insultando con Elegancia [Desde Historias con historia]

Hola teclas, este es un artículo que he encontrado en un blog llamado : 
Historias con Historia al que a partir de ahora seguiré con asiduidad y os lo recomiendo.


¿Se han dado cuenta? Cada vez usamos menos vocabulario y en nuestro día a día tendemos a construir nuestras conversaciones con unos pocos cientos de palabras que combinamos y mezclamos una y mil veces. Los adjetivos sin ir más lejos, esas palabras que lustran y dan esplendor a una frase, se han visto reducidos a la mínima expresión y con un; Bonito, por ejemplo, despachamos lo mismo un atardecer tropical, el David de Miguel Ángel o al niño de la vecina.

¿Y qué me dicen de los insultos? En este campo en concreto la escasez bordea peligrosamente los límites de la extinción. Si se fijan, los insultos gruesos, los de verdad, con los que realmente queremos ofender se reducen básicamente a tres. Para insultar al género femenino usamos el manido Puta, un clásico. Si el insultado es un varón, entonces no se nos ocurre otra cosa que el típico Cabrón de siempre. Y para terminar, el genérico y siempre socorrido Hideputa, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido.


(NOTA: No me olvido del también muy usado “Mecagüen rellenar con un familiar cercano“, pero más que una palabra es una expresión y donde, además, casi siempre se incluye un cabrón o una puta dependiendo si el familiar mentado es femenino o masculino. Ya saben ustedes… tu puta madre, el cabrón de tu padre, etc. Así que a efectos de lo que estamos tratando, no lo tendremos en cuenta)

Preocupante y una verdadera pena esta escasez de recursos, especialmente si hablamos de la lengua española rica en palabras y en vocabulario, pero sobre todo plena de insultos, algunos de los cuales se han estado usando durante siglos y que tristemente, si ésto sigue así, acabarán por desaparecer.

Por eso les digo:

¿Insultar? Sí.

¿Insultar con ganas? También.

Pero seamos un poco creativos leñe, echemos mano a libros y a los clásicos e insultemos a diestro y siniestro haciéndolo, eso sí, con cultura y con elegancia.




La puta de oros Vía : No somos perfectos
Para empezar les propongo que si lo que van a insultar es a una mujer se olviden del Putay usen algunos de los insultos que relaciono a continuación.

Agrofa: Mujer golfa y perdida. Puta.

Bordiona: Prostituta de burdel de trato áspero y difícil. Puta.

Colipoterra: Mujer de mancebía. Puta.

Manfla: Fulana, barragana, manceba, querindonga o mantenida. Puta.

Cantonera: Prostituta callejera; esquinera que hace la carrera tomando como base de operaciones las bocacalles. Re-Puta.

Y ahora le toca el turno a los chicos. Destierren el aburrido Cabrón y en su lugar atrévanse con
Un pedazo de cabrón
alguno de estos ejemplos que les pongo.


Verriondo: Hombre cachondo, siempre excitado sexualmente, que no sabe poner freno a su apetito. Cabrón.

Malsín: Chismoso y mal intencionado, que intenta perder a otros con tal de ganar él con ello. Cabrón.

Pichiruche: Persona insignificante y de la que se habla con menosprecio. Cabrón

Gurrumino: Sujeto ruín y pusilánime, desmedrado en franca decadencia física. Cabrón.

Marrajo: Astuto, taimado, que esconde o encubre su dañina intención, esperando ocasión propicia para asestar su golpe, o realizar su mala acción. Cabronazo.

Y a continuación, para terminar, unos pocos de ellos así en plan unisex. En este caso da lo mismo su significado, pero con su fantástica y contundente sonoridad seguro que no dejarán indiferente a nadie.


Zorronglón, Fodidencul, Vanlocuo, Arrastracueros, Tararira, Carcunda.

Preciosos ¿Verdad?

Insultando, sí, pero con cultura, distinción y elegancia.

Pues ya lo saben ustedes. No se corten. Hagan uso de ellos en su próxima discusión y se sorprenderán con los resultados. Su riqueza de vocabulario será la envidia de vecinos y amigos.

Además les garantizo que usándolos, siempre tendrán ventaja en sus riñas. El insultado se verá por un momento aturdido y desconcertado. ¿Qué me estará llamando éste? -pensará.- Entonces, aprovechando ese momento de confusión, pueden ustedes partirle la cara o salir corriendo, eso ya dependiendo de las hechuras y calidad del adversario.

No falla, oiga.


Y esto es todo, amigas teclas. No dejéis de seguir ese blog : 

Historias con Historia

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