sɐsoɔ әnb әs әɯ uɐʌ opuәᴉɹɹnɔo , lɐʇ zәʌ ou uɐƃuәʇ ᴉu sәᴉd ᴉu ɐzәqɐɔ , oɹәd ᴉsɐ ʎos oʎ , ɐ sәɔәʌ oɔol , ɐ sәɔәʌ un oɔod ···

miércoles, 20 de mayo de 2020

Microrelatos, Real Zaragoza

El último partido
Nadie sabía que este era el último partido en la Romareda, que esta victoria era la última en mucho tiempo en el templo.
La afición, el equipo, los resultados, hasta el sol, todo sonreía.
Salíamos felices, pensando en volver pronto a llenar sus gradas, a celebrar los goles, a cantar el himno.
Todo era un como un sueño.
Hasta que dos partidos más tarde, ambos fuera de casa, y un maldito virus, nos despertó de golpe y puso “en pausa” toda nuestra vida, tal vez ese fue, el último partido en casa en mucho tiempo.

A 8000 kilómetros
Estoy 8000 kilómetros de ti, 8000 kilómetros recorridos.
De Pamplona a la Romareda, a Soria, a Miranda, a Santander.
8000 kilómetros de risas, de cantos, 8000 kilómetros de enfados y de llantos, 8000 kilómetros de confesiones, cuentas y silencios.
8000 kilómetros de amor zaragocista 8000 kilómetros de esperanza, 8000 kilómetros de ilusiones y de ascenso.
Estoy a 8000 kilómetros y sin embargo, te llevo dentro.

Azul y blanco
Azul y blanco no son solo colores, son sentimiento zaragocista, son alegría con las victorias, son tristeza con las derrotas, son éxtasis cuando se marca un gol, son desesperación cuando se encaja en contra, azul y blanco son compañerismo, son unión, son equipo, son pancartas, azul y blanco son palmadas, son gritos, son cánticos.
Azul y blanco es Romareda, son desplazamientos, azul y blanco son bufandeos, son el himno, son protestas por un mal arbitraje, azul y blanco son amor, son amistad, son todo.
Azul y blanco es el color del campeón.

domingo, 26 de abril de 2020

COSAS QUE CONOCEMOS, PALABRAS QUE NO SABEMOS

Hay veces que las palabras quedan en desuso, aunque todos
conocemos que es a lo que se refieren con ellas, no sabemos
relacionarlas.
Si nos dicen que mi padre cuando toma una cerveza y le gusta
con mucha giste, nada nos viene a la cabeza, y la hemos visto
tantas veces que podríamos nombrarla con un lemniscata.
En las casas, es raro que no se hayan perdido más de un
plastinudo, aunque no sepamos lo que es.
Y de pequeños aprendimos a meter el herrete por el agujero, para
no tropezar.
En cientos de películas, hemos visto pasar los estepicursores
mientras el malo se escondía tras la piedra.
Y nos quedan tres palabras de cosas que tenemos todos.
Justo, entre una sonrisa y un llanto, y sin ser la nariz, todos
tenemos el filtrum, no hace falta frotarse los ojos, y que veamos
los fosfenos.
Y aunque no nos guste, a veces hay que ir al médico, aguantar la respiración y sentir ese pinchazo en la sangradura.
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Aquí están los significados de las palabras subrayadas 


Giste :

A todos nos gusta tomarnos una caña con el giste en su medida exacta. Esta palabra se refiere a la espuma que queda cuando servimos una cerveza.

Lemniscata :
Por muchos conocida como “ el ocho tumbado ”. Se refiere al símbolo que
representa algo infinito, un camino sin fin que tanto usamos en las matemáticas.


Plastinudos :
No son los nuevos superhéroes de Marvel, ni un grupo indie. Seguro que en
algún cajón de tu cocina tienes más de un plastinudo, ese alambre cubierto
de plástico que sirvió para atar la bolsa del pan de molde y que ahora
descansa esperando otro uso.

Herrete :
¡Qué injusta es la vida! Uno de los mejores inventos de la historia tiene un
nombre olvidado. ¿Qué sería de los cordones de nuestros zapatos si en sus
extremos no llevaran herretes de aluminio o de plástico?

Fosfenos :
Cuando te frotas los ojos después de una larga jornada delante del ordenador y
los vuelves a abrir, pequeños destellos aparecen durante un breve instante,
desapareciendo en pocos segundos. Fosfeno no es ningún elemento químico,
es el nombre de cada una de esas estrellas fugaces.

Estepicursor :
En todas las películas del oeste en algún momento aparece una pequeña bola
de heno que, como por arte de magia, se desplaza a pequeños saltos. Como
toda esa frase era demasiado larga, se le puso el nombre de estepicursor. La
próxima vez que veas a John Wayne o Clint Eastwood, sabrás el nombre del
actor secundario más famoso del Espagueti Western.

Filtrum :
Menospreciado durante años, es uno de los grandes desconocidos de

nuestra cara. El filtrum es el pequeño surco que tenemos entre la nariz y el
labio superior . Siempre en un segundo plano durante los 70, pues estaba
siempre oculto entre los bigotes tan de moda en aquel entonces

Sangradura :
Muchos tenemos miedo a las agujas, y cuando nos toca hacernos un análisis y
extendemos el brazo, el tacto del algodón con alcohol sobre esa zona donde
nos pinchan opuesta al codo hace que temblemos de pánico. ¡Exacto! La
zona destinada a extracciones de sangre es la sangradura.

lunes, 13 de abril de 2020

Cuento infantil. La historía de Ávalon.


Esta es la historia de un dragón llamado Ávalon, sí un dragón, de esos que tiran fuego por la boca, grandes verdes…. Lo que pasa que este dragón, ni tiraba fuego, ni era grande, ni siquiera era verde.
El dragón se llamaba Ávalon, así le pusieron sus padres de pequeño, no sabe el motivo, pero le gusta.
Ávalon era un pequeño dragón, pequeño en el mundo de los dragones, de un metro y medio de altura aproximadamente. Era de un precioso azul turquesa, con lunares rosas. Ávalon estaba muy orgulloso de sus lunares. Los contaba cada día, por si se le había perdido alguno.
Y, al contrario de los dragones de los cuentos, lo que salía por su boca no era fuego, eran pompas, sí, pompas de jabón de todos los tamaños.

Ávalon vivía en un bosque, le encantaba perseguir a las mariposas, corretear, hacer pompas…

Un día, vio una preciosa mariposa multicolor, empezó a perseguirla, ella volaba y se paraba, cuando Ávalon la alcanzaba, vuelta a volar y así, sin darse cuenta salió del bosque y llegó a un camino.
De repente Ávalon se encontraba, solo,  en medio de la nada, miró al camino, y vio como dos pequeños bultos corrían hacia él.
Ávalon no sabía que era una persona, jamás había visto una, y se asustó.
Eran Juan y Ana, que venían del colegio.
Como eran de un pueblo pequeño, donde ellos eran los únicos niños, tenían que ir al de al lado, y para eso iban por un camino, día tras día. Pero jamás habían visto algo tan extraño y a la vez tan bonito como Ávalon.
Juan y Ana, llegaron a donde estaba Ávalon… se le quedaron mirando a un paso de él…
Ávalon se tapaba la cara, temblaba asustado.
Juan dijo:
- Hola, ¿Quién eres?
Ávalon levantó despacio la cabeza, le miró fijamente y al abrir la boca, cientos de pompas salieron de ella.
Ana empezó a reír, lo que hizo que Ávalon se asustase, y volviera a sacar cientos de pompas, ahora también por la nariz.
Juan y Ana reían sin parar, explotando pompas, y Ávalon seguía abriendo la boca y sacando pompas y pompas.
De repente, Ávalon se encontraba bien con los niños, se dio cuenta que había encontrado a dos amigos.
Perseguir mariposas era divertido, pero ver a Ana y a Juan reír persiguiendo y explotando pompas, era mucho mejor.

Todos los días Ávalon salía al camino a esperar a los niños, a la salida del colegio y jugaba con ellos. Ávalon sacaba pompas y ellos las explotaban.
Jugaban a pillar, al escondite, le contaban que habían aprendido en el cole, y Ávalon les miraba con los ojos muy abiertos sin enterarse mucho de lo que le estaban contando, pero feliz de verlos sonreír.

Casi sin darse cuenta, fueron pasando los años, todos se iban haciendo más y más grandes.
Ana y Juan dejaron de ir al cole, pero todas las tardes iban al camino a ver al dragón. Era su secreto.

Pero un día el pastor del pueblo los vio. Nunca había visto un dragón y pensó que los niños, ya mayores,  corrían peligro.
Empezó a perseguirlo, amenazándole con su bastón, a la vez que soltaba gritos y alaridos.
Ávalon corría, volaba, pero sin querer alejarse de Juan y Ana.
Ellos gritaban y gritaban, intentando explicarle a Ataúlfo, que así se llamaba el pastor, que Ávalon era amigo suyo…
De repente, Ávalon se paró, abrió su gran boca y soltó cientos de pompas multicolores.
Ataúlfo se detuvo y mirando a los dos amigos comenzó a reír a carcajadas.
Ana y Juan también rieron, hasta Ávalon, que no entendía que estaba pasando, también reía.

Después de aquella tarde, los habitantes del pueblo iban todas las tardes a jugar con Ávalon, el dragón de las pompas.
Él era feliz, rodeado de todos, le traían comida, pasteles enormes, fruta fresca y todos los días merendaban juntos.

Ávalon fue uno más para siempre, a pesar de ser totalmente diferente de ellos, a pesar de ser pequeño, azul turquesa y con unos preciosos lunares rosas.
A pesar de soltar pompas por la boca y no saber hablar su idioma.
Todos lo querían, por ser como es, aunque no se pareciese en nada a ellos.




Cuento infantil . Potocó y Patoribio.


Habíase que se era, un pequeño potrillo llamado Potocó. 

El motivo de ese sonoro nombre es el ruido que hacía con sus pequeños cascos cuando andaba por la cuadra, potocó, potocó, potocó.
Potocó vivía en una pequeña granja de patos, rodeada de monte.
Todos los patos iban a su aire y apenas le hacían caso a nuestro protagonista, que había llegado hacía unos días a la granja, cuando su dueño lo había comprado en la feria del pueblo.
Solo un pato, llamado Patoribio se acercaba a saludarle todas las mañanas.
Poco a poco, Potocó empezó a hablar con Patoribio, le preguntaba cosas de la granja y el pato, que le encantaba contar historias, la mayoría inventadas, le alegraba las mañanas , mientras Potocó comía hierba bajo un árbol.
Patoribio , además de contar historias le gustaba escaparse del corral, dando un salto pasaba por encima de la valla y su diversión favorita era ir a la ventana a escuchar la radio , una radio que estaba todo el día encendida, porque el granjero, que vivía solo le gustaba escuchar voces al llegar a casa.
Un día empezaron a hablar de una carrera que se celebraba en el pueblo, una auténtica carrera de caballos, iban a ir los mejores caballos de la comarca.
Un día empezaron a hablar de una carrera que se celebraba en el pueblo, una auténtica carrera de caballos, iban a ir los mejores caballos de la comarca, enseguida se lo fue a contar a Potocó.
Potocó esa noche no pudo dormir, él quería ir a esa carrera, quería ver a más caballos.

Por la mañana empezó a entrenar, era muy curioso ver a Potocó y a Patoribio montado sobre su lomo, como el mejor jinete, dándole ánimos a Potocó:
Corre, potocó, corre , le gritaba.
El caballito ponía todas sus ganas, corría y corría dando vueltas por el cercado, con su amigo Patoribio sobre su lomo.
El granjero los miraba entre extrañado y divertido.

Los días pasaban y Potocó cada vez lo hacía mejor y más deprisa.
Sabían que el granjero iría a la carrera, porque se lo había comentado a su vecino, y Patoribio, que además de hablar mucho le gustaba escuchar todo lo que pasaba en la granja, se lo había escuchado .

El resto de los patos no entendían la amistad del caballo y de Patoribio, porque Potocó no era un pato, pero a los dos amigos no les importaba que les mirasen raro , ellos eran felices con sus carreras,  Potocó se lo tomaba muy en serio los entrenamientos y cada día lo hacía mejor.

El granjero cada vez estaba más impresionado , cada vez que los miraba, Potocó y Patoribio corrían con más ganas.

Llegó el día de la carrera, y Potocó estaba muy nervioso.
Se levantó temprano y salió al cercado corriendo, cuando de repente vió alejarse a la furgoneta del granjero.
Empezó a relinchar con fuerza y a golpear con los cascos el suelo, potocó, potocó, potocó, intentando llamar la atención del granjero.
Pero solo consiguió que salieran todos los patos, con Patoribio delante de todos , que no entendían el por qué de tanto ruido.
Potocó comenzó a llorar desconsolado, el granjero no le había llevado a la carrera...
Pero Patoribio no era un pato que se rindiese fácilmente, de un salto se subió al lomo del caballito y empezó a gritar:
Arre, arre Potocó, vamos a correr la carrera.
Potocó dejó de llorar y sin pensárselo corrió alejándose de la valla, , una vez se había alejado lo suficiente, empezó a correr hacia la valla, corriendo , corriendo, corriendo, y de un impresionante salto, pasó por encima de la valla.
Todos los patos quedaron "picoabiertos" , menos Patoribio que reía a carcajadas encima de Potocó.
Potocó y Patoribio llegaron al pueblo cuando la carrera estaba a punto de empezar.
Disimuladamente se colaron entre medio del resto de caballos, que los miraban con extrañeza.
Poco a poco fueron llegando los jinetes , cada uno se llevaba a su caballo para ponerles la silla.
Los jinetes no hacían caso al pequeño Potocó, que estaba en un rincón, medio escondido , con su amigo Patoribio.
El establo se quedó abierto y los dos amigos salieron , vieron que el resto de caballos correteaban por un pequeño prado, calentando los músculos para la carrera, sin mirarse unos a otros.
De repente sonó una sirena y todos los caballos fueron hacia la salida.
Potocó y Patoribio les siguieron hasta la salida, mezclados entre todos.
Un cohete marcaba la salida, todos los caballos salieron al galope y pronto Potocó quedó atrás.
El corría con todas sus fuerzas, Patoribio le animaba , pero veían como los caballos, enormes caballos de carreras, se alejaban de ellos.
Pero a pesar de todo, Potocó no se rendía, corría, corría, corría...
Los caballos empezaron a cansarse y Potocó empezó a alcanzar a algunos, poco a poco se puso en el grupo de cabeza.
El granjero se dió cuenta que eran sus animales y no podía creérselo.
Potocó ya solo tenía a 4 caballos por delante.
De repente , una bandada de patos apareció volando por encima de los caballos , y dando fuertes aletazos y con sus graznidos asustaron a los caballos, que se quedaron frenados en seco.
Potocó y Patoribo siguieron adelante, y sus amigos los patos se fueron apartando para dejarles paso.
Potocó se puso primero y apretó los dientes , siguió corriendo hasta llegar a la meta.
Era el ganador.
El granjero corrió a la meta y se abrazó al caballo, no sabía como había pasado todo, pero estaba muy contento, Potocó era feliz y también lo era Patoribio.
En el pueblo la gente no entendía como un pequeño caballo, montado por un pato había logrado ganar la carrera a esos fuertes caballos de carreras, pero como era el único caballo del pueblo , lo celebraban como si fueran el propio granjero.

A partir de ese día Potocó y su amigo Patoribio eran famosos en el pueblo y todos al verlos pasar por los caminos les aplaudían y jaleaban sonrientes.
Ellos eran los protagonistas, pero ellos sabían que sin la ayuda del resto de patos , jamás la hubiesen ganado.

martes, 18 de febrero de 2020

Nada en concreto

Hace ya casi dos años que dejé parado este blog.
Hoy he decidido retomarlo, y la verdad es que tampoco sé porqué.
Tampoco esperes una historia espectacular, de hecho, llevo 3 líneas y aún no he dicho nada.


Esta es la historia de un señor, así , en general, un señor de un sitio, que vivía en una casa, de una ciudad cualquiera.
Todas las mañana, a veces sí y otras tampoco, se levantaba , se duchaba, casi siempre, y salía a la calle, cuando quería.
Como trabajaba desde casa , salir era tener fiesta y quedarse en casa era todo lo contrario.
Cuando salía, le gustaba, aunque tampoco en demasía, ir a pasear al parque.
El parque era el típico parque, con sus árboles, sus caminitos, su césped, sus bancos y sus niños gritando y corriendo como posesos.
Pero los laborables , tenía lo mismo, a excepción de los niños y eso hacía que el parque fuese más bonito, sobre todo mucho más silencioso.
No es que a nuestro protagonista , al que aún no le hemos puesto nombre... llamémosle Remigio , no le gustaran los niños, de hecho, hace ya muchos años, hasta fue uno de ellos, pero una vez cambió de bando y pasó al de los adultos, casi prefería tenerlos lejos.
Estaba Remigio en un banco, a solas con sus pensamientos, cuando de repente, uno de esos niños vociferantes llegó junto a él. Se sentó en el banco y con una pelota cogida con sus pequeñas manos , le miró fijamente.
Remigio seguía a lo suyo, con los ojos cerrados, pensando y pensando, en nosequé y en nosecuantos, y notó los dos ojitos clavados en su cara, como dos pequeñas agujas.
Cuando abrió los ojos vio al niño, mirándole sonriente.
Remigio miró a su alrededor, buscando un adulto, pero no había nadie.
El niño no hablaba, no se movía, solo miraba y sonreía.
Volvió a cerrar los ojos, con la esperanza de que el niño se aburriera y se marchase... pasaron los minutos y seguía notando al niño a su lado.
Volvió a abrirlos y ahí seguía , mirando y sonriendo.

Remigio le dijo :

Niño, ¿que haces aquí solo? ,¿ no deberías estar en el colegio?

El niño , miraba y sonreía, solo eso, miraba y sonreía... bueno, y sujetaba la pelota con sus pequeños bracitos.

Remigio insistió:

¿Que quieres niño?

Pero el niño , ahí a lo suyo, sin parar de mirar, sin parar de sonreír.

Se levantó rápidamente y emprendió camino a su casa, el niño le siguió, mirando y sonriendo.

Aceleró el paso, el niño hizo lo mismo.
Pronto el paso era tan rápido, que el niño, con sus piernitas no podía seguirlo y se fue quedando atrás.
Llegó al portal, sacó las llaves, se dio la vuelta, y ahí estaba de nuevo el niño, mirando y sonriendo.

De repente, se oyó una voz de un señor muy muy mayor, diciendo:
Remigio, Remigio, ven aquí.
Y el niño , dio la vuelta y corrió hacia su abuelo.

Remigio no podía creerse que ese niño en realidad era él, y ese señor mayor era su abuelo.
Cerró los ojos, se los frotó con fuerza , el típico gesto de incredulidad , y cuando los volvió a abrir, estaba solo, en su sofá, se acababa de despertar de una bien ganada siesta.

Se levantó, se puso de nuevo sus gafas de ver de cerca y volvió a su ordenador, a hacer lo de siempre, nada en  concreto.





domingo, 4 de marzo de 2018

Nos dejaste, pero solo en cuerpo.

Siempre dicen que nadie muere del todo si permanece en los recuerdos de la gente.
Y te puedo asegurar que si es por eso, sigues muy vivo, en muchas personas.

No solo en tu mujer, con la que has estado 53 años de tu vida, de vuestra vida, siempre juntos, hasta el punto, como tú decías a veces, de parecer siameses.

No solo yo, tu hijo, con el que discutías, muchas veces por tonterías, precisamente por ser iguales… bueno, eso dice la gente, yo no lo creo, ojala pudiese ser la mitad de buena persona de lo que tu fuiste, ojala dejase la mitad de buenos recuerdos en la gente de los que tu has dejado, ojala todos me recordaran con la mitad de cariño con la que me han hablado de ti estos días.
En tu nuera, en tus nietas, con las que has compartido cada actividad que has podido, porque cuando Esther tocaba la trompeta, ahí estábamos todos, contigo a la cabeza, cuando Myriam después comenzó a disputar partidos, y mientras el maldito cáncer te dejaba, ahí estabas apoyando en cada partido.

No voy a seguir personalizando, porque siempre me dejaría a alguien.
Pero los que lo habéis conocido sabéis como era, cada uno lo habréis sentido a vuestra manera, cada uno tendréis esos recuerdos, unos recuerdos que lo hacer seguir vivo, por qué esas vivencias compartidas siempre estarán ahí, y ese es tu legado, el compartir, siempre compartiendo.

Como ejemplo, hace tan solo unos meses, en octubre del año pasado, aún tenías fuerzas, y fuimos a la Ulzama a por castañas.
Con unas pocas te hubieran bastado para ti y mi madre, pero no, ahí estabas con tu cubo, te cansabas y las piernas ya no eran las de antes, por eso te sentabas en la vera del camino, bajo el castaño e ibas mirando desde ahí entre las hojas, separando las más grandes, para ir poco a poco llenando el cubo, ahí, justo antes de meterlas todas juntas, en tu cabeza ya estabas separándolas en paquetes para repartirlas… estas para mí , estas para darle a fulanito, estas para menganito, que le gustan mucho…
Así siempre, repartiendo, antes de tenerlas ya estabas pensando a quien dárselas, daba lo mismo lo que fuese, castañas, caracoles, setas… porque todo lo que fuese estar en el monte te gustaba.

Entre Pamplona , que como siempre te gustaba decir, te vio nacer en la misma plaza del ayuntamiento, y Barbastro, un pueblo al que el azar te llevó en el año 1964, un día 4 de septiembre, comienzo de fiestas y con riada, pasaste tu vida.
De tus años de niñez y juventud sé lo que me contabas, de tus veranos en Mélida, con tu abuela Catalina, de tus vivencias en la Ciudadela, de tus padres, mis abuelos, con los que compartiste muchísimas cosas.
De tus años de sargento, ya en Barbastro, de cómo conociste a Carmen, tu otra mitad, vuestro viaje de novios a Pamplona en un Lambreta, de cómo llegué yo, de nuestros partidos en el pasillo de los Arcos, o en la playa de Oricáin, o cuando traías al Chispi, el perro del garaje, y disfrutabas viendo como jugaba conmigo, conmigo y con medio barrio, porque muchos me recuerdan los “encierros” en el barrio, toda la chavalería corriendo mientras tu sujetabas al perrico, que deseando correr con nosotros movía la cola inquieto y alegre, hasta que tu lo soltabas, el perro corría, nosotros los niños corríamos y tu sonreías viendo nuestra diversión, compartiendo , una vez más compartiendo, esos momentos que aunque en ese momento no lo sabíamos, eran momentos que se nos quedaban grabados en la memoria, en el corazón, como esos momentos felices que forman nuestra vida.
Luego de nuevo cambio de destino, de nuevo a Barbastro, con mi abuela, que te quería como lo que eras, un hijo, a la que tratabas de usted, pero con el cariño que solo se le tiene a una madre.
Bajabas al cuartel con tu vespa, sin casco, nadie lo llevaba, no era obligatorio, allí también dejaste amigos, compartiendo vivencias, en el día a día, en las guardias, en las maniobras…
En Barbastro, en el pueblo, donde si encontrabas a alguien que te siguiese, ahí estabas con tu guitarra, esa que tocabas sin saber las notas, de oído, pero que no hacía falta que supieses, porque en cuanto la tocabas, compartías alegría, y contagiabas al resto, con esa voz fuerte , que transformabas en melodía.
Vuelta a Pamplona, de nuevo “en casa” , unos años en Aizoain, después a CEFIN, números, más números, hasta que llegó la transitoria.
Una “prejubilación” jubilosa, en la que te volcaste en vivir, en ir de vacaciones con mamá, en visitar a tus padres.
Me casé y llegó Esther, tu te veías muy joven para ser abuelo, y casi te sentó hasta mal.. pero duró poco, justo hasta que Esther dejó de ser bebé, cuando ya podías jugar con ella , era tu ojito derecho, disfrutabas con ella , una niña rubita de rizos que te cautivó enseguida.

Falleció la abuela Vicenta, una suegra con poco de suegra, una mujer entrañable , con la que compartiste mucho en tu vida, ya que viviste en su casa y luego ella en la tuya durante años, una persona con tanto amor por Barbastro como tu.

Todos los domingos te veías con el abuelo 3 partidos, chiquiteando por Rinaldi con él.
Siempre que podías, allá estabas, con tu padre, acompañándole.
El tiempo pasó y un mal día el abuelo Bene se marchó, pero quedaba la abuela, a la que visitabas con mamá todas las tardes al acabar la zona azul, le llevabas dvds subtitulados, que comprabas o intercambiabas en Tocateja, o en la biblioteca, día tras día allí estabas , dándole compañía.

Mientras había llegado Myriam, a la que junto a su hermana ibais a buscar al cole, como antes a la guardería, jugando con ellas en todo momento, siempre con una sonrisa.

Esther creció, y no te perdías uno solo de sus conciertos.

Entre medio viajes a Barbastro, a Benidorm , siempre con mamá .
Pero hace 7 años, empezaron a dolerte las piernas, a pesar de ello fuiste a Cadiz con mamá, y a partir de ahí la maldita enfermedad, el maldito cáncer…
En agosto ingresabas, y tras varias pruebas te lo descubrían.
Un cáncer te apretaba la columna, pegado a tu pulmón derecho.
Y ya nada fue lo mismo.
Mamá se convirtió en tu enfermera, en tu secretaria, en tu asistente, en tu compañera…
Salías de la clínica en silla de ruedas , como tu decías, como un inválido.
La abuela Ángeles, era ingresada y acababa dejándonos.
Tu seguías en la silla de ruedas
Pero tu fuerza de voluntad era más fuerte que el maldito cáncer y poco a poco fuiste levantándote.
Pasaste al andador, primero despacio, cada vez más deprisa, y poco a poco lo ibas dejando.
Y se quedó olvidado en el maletero durante meses…
Pero el maldito cáncer seguía avanzando, poco a poco iba comiéndote por dentro, mamá te seguía llevando la agenda de todas las visitas médicas, los tíos José Luis y Roberto iban por las mañanas a hablar contigo, a ver la tele, a hacer pasatiempos o simplemente a acompañarte.

Todos los meses revisión, TACs , análisis , pruebas y más pruebas.. y tu aguantándolo todo, con mejor o peor humor, y con resignación.
De nuevo el tacataca era parte de tu vida, pero no dejabas, siempre que la salud y el tiempo te dejaba, de acudir a los partidos de tu nieta Myriam,

La operación para liberar las piernas y ahí empezó todo.
Un mal día se abrió la herida, a urgencias y a ingresar, 24 días negros en los que te cosieron, vieron que tenías neumonía, y lo peor, es que el maldito cáncer había comenzado a crecer…
Poco a poco se iba adueñando de tu pulmón, de tu estómago, el aire ya era casi necesario en todo momento.
Pero aún volviste a casa.
Aunque ya estabas cansado de luchar, y el cuerpo no acompañaba, aún hiciste tus últimos autodefinidos, viste los partidos…

Después de navidad , vuelta a ingresar, unos 4 días y de nuevo a casa.
Tu fuerza de voluntad aún te impulsaba a seguir, una vuelta a la manzana de casa te costó 20 min, 9 paradas para descansar, pero la hiciste.

Hasta que un día, 12 de febrero, dijiste basta, no podías ni cambiarte, ni andar, y te tuve que sacar de casa sentado en el andador.
A urgencias, ingreso y pruebas, análisis, transfusiones… parecía que podías volver a remontar, pero esta vez ya fue demasiado.
El fin de semana fueron tus últimas horas.
De comer tu solo, a tener que aguantarte el vaso para que con pajita tomases el café. El sábado tuve que darte el puré a la boca y el domingo por la mañana ya apenas abrías los ojos, cada cucharada con galleta café me costaba un lágrima, verte así, me dolía, y en la noche del domingo ya estabas totalmente sedado, esperando el momento.

Y llegó el lunes 19 , seguías sedado, ya no comias, solo por vena… a las 22 llegue a la clínica, ahí estaban Gemma, tu nuera y tu mujer, con la que has compartido más de 53 años de vida.

Nos quedamos solos, tu en tu cama, respirando fuerte, con mucho ruido… solo se te oía a ti.
Hasta que a las 23:30 horas, te fuiste , se hizo el silencio, se acabó todo.
Tu nos dejaste, pero como dice la frase, nadie muere si vive en los recuerdos de la gente , y puedo asegurarte que si es así, vivirás en el corazón de todos los que te hemos conocido.


No debemos llorar por que te hayas ido, debemos sonreír porque has estado aquí. 

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10/03/18


En el funeral, por el entierro de las cenizas de mi padre en Barbastro, Gemma leyó estas letras, para agradecer a los que habían acudido

Hola, buenos días a todos, solo quisiera dar las gracias  por venir a compartir con nosotros estos momentos.
Gracias a todos y cada uno de vosotros, los que conocisteis a Bene, como todos le llamabamos, e incluso los que no le conocisteis, gracias por venir.
Bene, estaría muy contento de veros a todos aquí en su despedida, antes de ir a su última morada en el pueblo que le adoptó desde el año 1964.
Bene no era de decir gracias, pero agradecía  las cosas con hechos.
Siempre pensando en compartir, compartía su alegría, su amistad, sus canciones, sus historias....

Por eso, y termino ya.
Gracias por compartir estos momentos con nosotros, con él, gracias, de corazón.

No debemos llorar porque se haya ido, debemos sonreír por haber podido compartir parte de tu vida.

Hasta siempre Bene.



lunes, 9 de octubre de 2017

Clase, fútbol y más rásmia.

Por fin llegó la ansiada victoria en la Romareda, por fin llegaron esos goles que por juego nos merecíamos, por fin llegaron los 3 puntos en casa.
Un equipo con todo lo que no teníamos hace tiempo, juego, lucha y goles.
Un equipo que no ha necesitado de la suerte para vencer al que al comenzar la jornada era líder de la categoría, porque como dije la semana pasada, a falta de suerte le ponen rásmia.
Pero no solo de rásmia vive el Real Zaragoza, tiene clase, y mucha.
Tenemos una gran plantilla, Borja, Febas, Buff... con una clase muy por encima del resto , pero además luchan , pelean cada balón, con un Toquero que ayer estaba desatado, un chavalín de la cantera, de apellido Delmás, que día a día se va convirtiendo en imprescindible.

A veces no sabes que es mejor, si jugar el primero de la jornada, sin saber que va a pasar en el resto de partidos, o cerrarla, sabiendo que ha pasado, en que puesto estarás si ganas, si empatas o si pierdes.
Esta jornada, con los resultados dados, el liderato estaba a 9 puntos, y el Real Zaragoza ocupaba puestos de descenso. Una nueva derrota nos hubiera dejado muy tocados, pese a las buenas sensaciones, al buen juego, sin puntos no se hace nada, y había llegado el momento de refrendarlo.
Para eso nos visitaba el líder, que si bien lejos de los Pajaritos, aun no había, no ha, logrado la victoria, no es precisamente un rival cómodo para intentar acabar con esa mala suerte que nos venía acompañando en este principio de temporada.
Una triangulación perfecta entre Buff, Borja y Toquero colocaba a los nuestros por delante, al poco de comenzar el encuentro, una jugada con clase y con lucha, con un pase perfecto de Buff "mirando al tendido" , un desmarque de Borja, que por velocidad gana al guardameta y con un toque pasa al centro y Toquero, entre dos defensas envía a la red. Un gol para verlo una y mil veces, un gol que encarrilaba la victoria y que , al menos a mi , dejaba mucho más tranuilo de cara al resto del encuentro.
Pero este Real Zaragoza no se conforma con el 1 a 0, no es ese equipo que la mete y se echa atrás a aguantar el resto del partido , como hemos tenido que sufrir en temporadas pasadas.



Nuestro equipo buscaba el segundo, nos deleitaba con cada balón , con cada pase, con cada recuperación.
El segundo no llegaba, pero se veía cerca, el juego invitaba a seguir soñando, pero con ese exiguo 1 a 0 se llegaba al descanso.

Al comienzo de esa segunda mitad, una jugada en la que ni sé cuantos paes se dieronn, dos cambios de juego, recuperaciones, taconazo de Buff, regates de Febas en el área, Toquero que hace un pase extraño a Borja, que no la toca, pero hace el pase, porque obliga al defensa a darle como puede y de nuevo Toquero, que destroza la red de fondo norte de un señor disparo y trae el éxtasis a la Romareda.



El tercero llegaba tras un bocadillo Borja, siendo derribado y Diamanka, que firmó hace 3 temporadas, precisamente por 3 años, este sería el último, con el club del león hacía su mejor jugada con nuestro equipo, pisando deliberadamente a nuestro goleador una vez derribado en la mano, aún no sé el porque.





Dejaba a los suyos con 10 y Borja que ponía el 3 a 0 de penalti.

Un partido para volver a soñar, un partido para seguir creyendo, una vez roto el gafe de la Romareda, viendo cosas que creíamos olvidadas y que te hacen reconciliarte con el fútbol.
Cada partido del Real Zaragoza sabes que vas a ver fútbol, independientemente que luego se transforme en puntos, sabes que vas a disfrutar de cosas , pases, regates , pero sobre todo lucha.

Deseando que llegue el miércoles y que en la víspera del Pilar volvamos a ver más fútbol zaragocista...

No seré zaragozano, zaragocista el primero.

martes, 3 de octubre de 2017

Contra la mala suerte...coj..RÁSMIA


Iba a titularlo con un taco, pero para eso ya está el Periódico de Aragón y su jefe de deportes.

El Real Zaragoza lo ha vuelto a hacer.
Un partido en el que por juego ha merecido hacerse con los tres puntos, y que no lo ha conseguido.
Esta vez nos faltó acierto en la segunda parte y más suerte en el comienzo de la primera.
Empezaba el partido con un lanzamiento de falta de Zapater que Juan Carlos , portero local , desviaba al palo cuando ya se colaba.
Casi a continuación, falta al borde del área aragonesa, lanzamiento magistral y gol, era el 1 a 0 para los ovetenses.
El equipo se quedó noqueado, fallos de nuestro guardameta que casi nos cuestan un gol, nervios... y mala suerte.
Solo la mala suerte puede explicar el 2 a 0 .
Podéis verlo en este Gif.


rebota en la defensa, el portero la salva, cabezazo de Verdasca a la misma escuadra, de nuevo Cristian que de nuevo la salva, da en el larguero y queda en la raya para que el delantero carballón haga el 2 a 0.
En años anteriores me hubieran dado ganas de apagar la tele, no lo hubiese hecho, nunca lo hago, pero esta temporada es que ni ganas.
Seguía confiando , pese a las dudas, pese a la incredulidad por la jugada, que aún se podía arreglar esto.
En un corner , Mikel engancha una volea, y sin que la pelota toque suelo la empalma a portería, bota, toca en la cabeza de un defensa y colocaba el 1 a 2.
Leerle los labios en la celebración, ese taco soltado a tiempo , esa rabia, daba confianza.
Antes del descanso Zapater tenía en sus botas el resarcirse de la falta del minuto 1 .
Alberto Zapater le pegó con todo su corazón, de nuevo Juan Carlos volaba , la tocaba, pero esta vez quien fue al palo fue el cuerpo del guardameta , el galón entraba y la celebración del capitán volvía a demostrar que contra la mala suerte solo se puede luchar volviendo a intentarlo.
Mi abuelo decía una frase, el que hace lo que puede, no está obligado a más... y los nuestros ayer por ejemplo , hicieron mucho más de lo que podían, y empataron el partido antes del descanso.
En la segunda mitad el partido cogió color "tomate" , tuvimos al menos 3 ocasiones en las que pudimos marcar, de nuevo la mala suerte, e incluso decisiones arbitrarias... o arbitrales, como un balón por el que lucha Borja con el portero, que al verlo perdido se deja caer y se sanciona con falta de nuestro 9, nos impiden lograr lo que los nuestros buscaban, lo que los nuestros merecían.
Al final, reparto de puntos, en un campo complicado, con un equipo rocoso, luchador, como todos los de Anquela, pero que nos deja un sabor agridulce y con solo 6 puntos en la tabla.

No queda otra que seguir haciéndolo igual, seguir mirando al siguiente partido, al siguiente rival, y esperar que la rásmia, el juego, de los nuestros sea acompañad de resultados.

No seré zaragozano, zaragocista el primero.