sɐsoɔ әnb әs әɯ uɐʌ opuәᴉɹɹnɔo , lɐʇ zәʌ ou uɐƃuәʇ ᴉu sәᴉd ᴉu ɐzәqɐɔ , oɹәd ᴉsɐ ʎos oʎ , ɐ sәɔәʌ oɔol , ɐ sәɔәʌ un oɔod ···

martes, 5 de noviembre de 2024

Hasta siempre Laureano

Te has ido sin hacer ruido, como viviste. 

No lo necesitaste, no te hacía falta levantar la voz, eras más de escuchar que de hablar, porque siempre estuviste ahí para lo que hiciera falta.

En casa con tu familia, en el trabajo en la Sanders, en tu cofradía de "La Cruz a Cuestas", en San Alberto, tu parroquia, en Aitonak, en las hermanitas de los pobres, en la tómbola de caritas, en la vaguada... En donde estuvieras y pudieras echar una mano, ahí estabas tú el primero. Porque cuando te entregabas a algo, lo hacías a fondo.

Una vida que empezaba en Larragueta, pero pronto fuiste a Iza, el que considerabas tu pueblo.

Allí conociste a Aurora, la mujer de tu vida, en todos los sentidos.

Trabajaste en la Sanders, donde hiciste de todo, de chofer, porteador de sacos, mecánico... Y ahí fue donde una máquina de la fábrica te cortó cuatro dedos de tu mano derecha.

Pese a ser mediados del siglo pasado, los médicos consiguieron reimplantártelos, aunque uno no agarró bien y hubo que quitarlo de nuevo.

Con esos 4 cuatro dedos, eras capaz de hacer más cosas que muchos con 10.

Siempre tenías que hacer algo, mientras el cuerpo te dejó, las herramientas fueron tus mejores amigas, poco a poco la vida te fue debilitando, y ni aún así dejaste el taladro pero aunque tus manos ya no te respondías igual, y la vista fallaba, seguías haciendo pulseras y llaveros con hilos, que luego repartías a todo el mundo, y recibías los agradecimientos siempre con una sonrisa.

Porque así eras tú, pocas veces te hemos visto enfadado, bueno sí, cuando algo de tus trabajos de carpintería, fontanería...Porque tú le dabas a todo, se te apoderaban y no te salían a la primera, pero era eso, te podías enfadar con los tornillos, con el taladro, no con las personas.

Eras un hombre bueno, de los pocos que de verdad lo son, sin pliegues ni dobles caras, un hombre bueno, no se te puede definir mejor.

Te has ido como eras, sin dar trabajo, sin levantar la voz, poquico a poco, como siempre, sin molestar.

Ahora estarás de nuevo con tu hija Blanca y con tu mujer, tú compañera de vida , Aurora. 

Hasta siempre Laureano.

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